El sprint es la forma más pura de correr a máxima velocidad durante una distancia corta. En CrossFit se utiliza como herramienta de acondicionamiento metabólico de alta intensidad, ya sea como movimiento principal en un WOD o como parte de un circuito combinado con otros ejercicios de fuerza o gimnásticos.
Músculos trabajados: el sprint activa de forma explosiva los cuádriceps, glúteos, isquiotibiales y gemelos. El ciclo de zancada a máxima velocidad también involucra los flexores de cadera, core y músculos del tren superior (deltoides, bíceps y tríceps), que trabajan con la acción de los brazos para generar potencia.
Ejecución correcta: la posición de salida con inclinación hacia adelante permite una aceleración más eficiente. Los primeros 10-15 metros son la fase de aceleración donde la zancada es corta y el contacto con el suelo es breve. En la fase de velocidad máxima, el cuerpo se endurece, los pies contactan el suelo debajo del centro de gravedad, las rodillas se levantan y los brazos se mueven de forma enérgica. La mirada se dirige al frente, nunca hacia abajo.
Errores comunes: arrancar demasiado recto sin inclinación inicial, dar zancadas demasiado largas que frenan el avance, tensar el cuello y los hombros innecesariamente, o no usar los brazos de forma activa y simétrica.
Variaciones: los sprints en CrossFit pueden ser de 10, 20, 50 o 100 metros, o medirse en tiempo (sprints de 10 o 20 segundos). Los intervalos de sprint con descanso (como los Tabata sprints) son muy eficaces para el acondicionamiento cardiovascular intenso.